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El Valle de Lanjarón Imprimir E-Mail

Provincia: Granada

  Pasear por el castañar de Lanjarón supone hacerlo por uno de los más extensos bosques de castaños de toda la vertiente sur del macizo que configura la literaria Alpujarra granadina.

  Se inicia el recorrido en Lanjarón pueblo de reconocido prestigio por la calidad de sus aguas, que nacen a los pies del pico Cartujo, de 3.200 m.

Entre castaños

  El camino de la Huerta guía el primer tramo del itinerario. Al principio el terreno es suave, ligeramente ascendente, y empiezan ya a aparecer ejemplares de castaños (Castanea sativa). La densidad de los mismos se incrementa a medida que se asciende. Tras una pronunciada curva del camino da comienzo una pendiente más acusada.

  Justo en el vértice de la curva, el camino se bifurca y el itinerario toma el ramal que continua hacia la derecha, hacia arriba, en paralelo al trazado de la acequia Acocarías.

  El paisaje está dominado por el castañar, y el otoño, además de proveer de ingentes cantidades de esos preciados y energéticos frutos secos, impregna de color las umbrías boscosas. Las hojas del castaño grandes, alargadas y con el borde aserrado, amarillean por ese tiempo, antes de dejarse llevar por alguna ráfaga de viento, mientras la agrietada y gris corteza del tronco protege el interior de los fríos invernales que se avecinan.

  Las castañas, protegidas por el árbol en un envoltorio espinoso, se desperdigan por el suelo en un intento de asegurar el mantenimiento de la especie, algo que sólo lograrán aquellas que sobrevivan a la poderosa dentadura de la ardilla (Sciurus vulgans) o a la incansable jeta del jabalí (Sus scrofa).

  El camino conduce a Las Alberquillas, dos grandes depósitos localizados junto a un cortijo. Por su puerta se cruza la acequia Acecartas y se asciende por vanas y acentuadas curvas hasta que el carril desaparece y se convierte en una estrecha vereda.

 El paisaje continúa dominado por los castaños y no resulta difícil perder la vereda, por lo que es preciso prestar atención también al suelo por el que se pisa.

  A escasa distancia el comienzo de la vereda aparece un pequeño barranco por el que, casi siempre, cae el agua que se escapa de la acequia Montalbán que transcurre por encima.

Hacia el río

  El itinerario asciende el pequeño barranco para contactar con la acequia, una de las más importantes de este valle. Su trazado guiará el recorrido hasta conectar con el río Lanjarón, cerca de la cota de los 1.200 m.

  El lugar en el que se alcanza el río es especialmente agradable y los paisajes del agua invitan a una reposada contemplación. Cascadas, pozas, enredaderas, musgos... Verdor y transparencia se dan la mano para premiar el esfuerzo de haber ascendido hasta aquí.

  Tras cruzar el río, la senda asciende rápidamente hasta otra vereda, más amplia, que se toma hacia la izquierda. Ésta desemboca, poco después, en el camino de la Sierra.

  Se trata de un camino de herradura pavimentado con piedras irregulares, difícil de andar, por el cuidado que hay que poner en ello, pero de gran belleza e importancia histórica. Por él continúa el itinerario atravesando la otra porción del castañar, hasta las inmediaciones del puente sobre el río, al lado de la carretera que devuelve al caminante al punto de partida.


 
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