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Por tierras de Jorge Manrique Imprimir E-Mail

Povincia: Jaén

  Magníficos parajes del Parque Natural de las Sierras de Cazorla Segura y Las Villas sirven de escenario a un itinerario en el que la naturaleza se muestra en todo su esplendor.

  El recorrido se inicia en la población de Segura de la Sierra, cuna del poeta Jorge Manrique que aparece dominada por el castillo de origen musulmán levantado en el cerro. Tienen ínteres asimismo la casa natal del autor de las Coplas el edificio del Ayuntamiento, la llamada torre del Agua y los restos de los baños árabes.

  La altura de este punto inicial es de 1.115 m, desde la que hay que descender hasta los 900 m en que se encuentra el embalse que marca el final del trayecto.

  Desde Segura de la Sierra se parte con el cerro Gontar (1.341 m) a la izquierda, por la carretera comarcal hacia Los Arroyos. Son 8 km de carretera serrana en los que las curvas imponen su ley y durante los que el paisaje se muestra completamente agreste. Los pinares se agarran literalmente a la roca caliza que conforma el sustrato geológico y visten de permanente verdor un terreno tremendamente abrupto.

Con el Espino a la vista

 Tras dejar atrás el desvio a Los Arroyos, parte un carril a la izquierda que conduce a Orcera y que también hay que ignorar para a poca distancia situarnos ante un cruce de carreteras. Hacia la derecha, al sur la carretera se dirige al campamento juvenil Río Madera, de la Junta de Andalucía a orillas de la corriente fluvial que le da nombre. Hacia la izquierda al norte, conduce a la población de Siles, lindante ya con la vecina sierra de Alcaraz. Por último al frente aparece un carril en buen estado el de la fuente del Tejo, que deberemos tomar.

  La gravilla que cubre el firme del carril supone un nesgo que se ve incrementado por la pendiente moderada del terreno de manera que conviene tomarlo con cautela y disfrutar del bello paisaje por el que se circula. Al frente se levanta el pico Espino (1.722 m), que servirá como punto de referencia durante esta parte del recorrido.

  El carril pasa junto a una casa forestal y tras dejar a la izquierda una carril menor accede a un collado de amplios paisajes desde el que comienza a descender.

  El pinar continúa marcando la pauta forestal del territorio. Bajo sus verdes copas encuentran cobijo numerosos endemismos vegetales, que bien en el húmedo suelo, bien en la escabrosa piedra caliza anclan sus raices e incrementan la diversidad biológica y el ínteres de esta sierra. Ese es el caso de la brasicacea Ptilotnchum reverchonii, que no supera los 50 cm de altura y cuyas flores blancas aparecen entre los meses de mayo y julio.

Hacia abajo por Los Huecos

  Tras un estrechamiento del camino, aparece un carril mas estrecho y que prosigue cuesta arriba Es el que se debe tomar, pero hay que extremar la atención -sobre todo en invierno- porque el firme arcilloso impone serias dificultades al pedaleo, que por la marcada pendiente del terreno ya resulta de por sí fatigoso.

  Por este camino difícil se llega a un cruce en el que se debe elegir el carril de la izquierda y subir una inclinada cuesta. En esta zona de subidas repechos y carriles estrechos y en mal estado se impone aun con mayor intensidad el espíritu agreste de esta serranía.

  El carril elegido conduce a un collado en el que vuelve a partirse en dos y, de nuevo se debe tomar el ramal de la izquierda para acceder a un cruce de caminos en cuyo centro se levanta un árbol a modo de poste de orientación.

  La dirección elegida es la que indica hacia Peguera del Madroño y el carril inicia un descenso en el que es preciso poner toda la atención. El mal estado del firme asi lo requiere, sobre todo en los primeros tramos A la derecha del camino discurre el arroyo de Los Huecos, que forma imponentes barranqueras justo al pie del carril y que obligan a moderar la velocidad debido a lo arriesgado del descenso.

  Se llega así a la población de Peguera bello ejemplo de la arquitectura tradicional de esta comarca. Desde ella, ya por camino asfaltado, se bordea la cuerda de la Lastrar se alcanza la carretera comarcal que sigue el curso alto del río Segura por su margen izquierda.

  Por esta carretera hay que dirigirse aguas arriba y poco después de pasar por la aldea de El Parralejo, contactar ya con el embalse de Anchuncas.

  Sus aguas, limpias y casi recién nacidas, reflejan el verdor de unos montes cubiertos totalmente por el bosque segureño y hacen del enclave uno de los más bellos parajes de la sierra. Encima de el, en la cola, se encuentran las bellas y curiosas poblaciones de Casicas del Río Segura y La Toba, perfectamente integradas en un paisaje en el que el aguase ha convertido en protagonista.


 
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