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La Costa Brava: De Lloret de Mar a Cadaqués. Imprimir E-Mail

Visitamos en esta ruta el litoral nororiental de la Costa Brava. Partimos de Lloret de Mar, y llegamos a Cadaqués, conociendo en el camino las localidades de Tossa de Mar, Palamós, Pals y Roses.

LLORET DE MAR

En el sector más meridional de la Costa Brava se extiende la localidad de Lloret de Mar. De profunda tradición marinera, hoy en día es uno de los mayores centros turísticos de la fachada marítima de Girona. Playas y calas de aguas transparentes se combinan con un interesante casco histórico y una abundante oferta de alojamiento y ocio. Senderismo, golf y deportes náuticos son sólo alguna de las posibilidades que brindan las excelentes temperaturas del clima mediterráneo. Terrazas, bares de copas y restaurantes harán disfrutar de la noche catalana, posibilitando la degustación de productos de la región.

La comarca de la Selva, en la que se enclava Lloret de Mar, posee un accidentado perfil costero con acantilados de más de 100 metros de altura. Estas rocas graníticas se hunden en el Mediterráneo configurando calas con increíbles fondos marinos, aptas para el buceo, y amplios arenales. El paisaje se ve aquí protagonizado por densos pinares que llegan hasta la línea de la playa y que cobijan en su espesura abundantes urbanizaciones y casas de veraneo.
Riqueza cultural

La calidad de las aguas y las agradables temperaturas de las que disfruta todo el año esta región catalana atrae cada año a numerosos visitantes. La variedad de alojamiento es otro de sus atractivos, así como la gran cantidad de propuestas de ocio. Una de ellas es recorrer su casco histórico, donde espera el trazado de una antigua villa marinera.

El paseo del Mar congrega a viviendas decimonónicas y modernistas, mientras que en otros puntos esperan la iglesia de Sant Romà, la ermita de Santa Cristina y el monumento a la Mujer Marinera de Ernest Maragall. Sant Romá data de 1522 y ostenta en su estructura elementos románicos y góticos. Por su parte, Santa Cristina se alza sobre la playa mostrando el carácter de las construcciones de transición entre el barroco y el neoclásico.

El modernismo posee en el municipio de Lloret de Mar otros bellos ejemplos como las obras de Puig i Cadafalch. La ermita de la Verge de Gràcia, el crucero que conduce a Sant Pere del Bosc y el panteón de la familia Costa Macià en el cementerio de Lloret nos acercan a las primeras muestras modernistas de este arquitecto catalán.

A la salida de la población, donde comienzan urbanizaciones turísticas a la orilla de la playa como Cala Morisca, Platja de Fenals o Santa Cristina, se alza una torre sepulcral romana que data de la época imperial.

La situación de Lloret de Mar entre el mar y la montaña hace que su gastronomía combine materias primas de ámbitos tan distintos. Pescados y mariscos suman su sabor a productos de la huerta y caza. Habas, guisantes, ensalada de bacalao (exqueisada) o asado de berenjenas, cebollas y pimientos (escalivada) son algunas sugerencias como entradas. El pollo o conejo con marisco, lubinas, doradas o gambas componen interesantes segundos. Los embutidos con pà amb tomàquet (pan y tomate) completarán cualquier menú. Entre los postres cabe destacar frutas de temporada como las fresas, melocotones, naranjas o sandías. Y para realzar el sabor de tan deliciosas viandas, nada mejor que los vinos de la Denominación de Origen Ampurdán-Costa Brava.

Esta exquisita cocina regional se puede degustar tanto en Lloret de Mar como en distintas poblaciones del entorno, como Tossa de Mar. Aquí podemos observar el armonioso conjunto del recinto amurallado al borde del mar y la Vila Nova, el área de construcción más moderna. Blanes, por su parte, es otro importante centro turístico costero que suma a su oferta playera un precioso casco histórico. El castillo de Sant Joan, el palacio gótico de los Condes de Cabrera o la fuente del Carrer Ample son algunos de sus monumentos principales.

También en el Mediterráneo se encuentra San Feliu de Guíxols. Excelentes playas, puerto deportivo y un casco urbano repleto de entretenimientos conviven con la ermita de Sant Grau, la iglesia de Porta Ferrata y miradores naturales como Cap de Mort. Y para culminar cualquier recorrido: Girona, la capital de la provincia. La catedral, el barrio judío, los baños árabes y el Museo Arqueológico son las citas ineludibles, además de las murallas y las iglesias de Sant Nicolau y Sant Feliu.

TOSSA DE MAR

Acantilados, pinares, calas y playas componen el perfil litoral de la comarca de la Selva, en la que se enclava Tossa de Mar. El sector más meridional de la Costa Brava ofrece al turista una increíble oferta de historia, arte y ocio, a orillas del mar Mediterráneo. Esta localidad gerundense pone a disposición del viajero una amplia y variada oferta de alojamientos, a la medida de todos los gustos. La gastronomía, otra de las riquezas culturales de este lugar, convencerá a los paladares más exquisitos.
Entre Portbou y Blanes se extiende el accidentado relieve de la Costa Brava, en la provincia catalana de Girona. Cortados de hasta 100 metros caen a las aguas transparentes del Mediterráneo, escondiendo pequeñas playas y calas. La sureña comarca de La Selva nos depara un paisaje de contrastes a caballo entre el mar y la montaña, en la que menudean las construcciones defensivas.

Tossa de Mar, el primer pueblo costero de La Selva, posee una inmensa playa de arena blanca defendida por un espléndido recinto amurallado. Elevada sobre un pequeño promontorio que se asoma al mar, se divisa la Vila Vella. Siete torres circulares custodian los restos de una antigua iglesia y el palacio del gobernador, que data del siglo XIV. Un recorrido por este trazado medieval nos transportará a lo mejor de la historia catalana. Desde este punto también se obtienen bellas panorámicas de la bahía de Tossa y del relieve costero cercano. Cerca de este recinto se encuentran los hallazgos arqueológicos de lo que fuera una villa romana del siglo IV.

A la historia y el arte de Tossa de Mar se le une todo el sabor tradicional de una localidad marinera. Así se puede ver en la Vila Nova, que se extiende por la playa, donde se dan cita multitud de hoteles y apartamentos. En este paseo marítimo se concentra gran parte de la oferta de ocio, tanto diurna como nocturna. Las suaves temperaturas de la Costa Brava y su riqueza paisajística proporcionan multitud de actividades al aire libre y en contacto con la naturaleza. La transparencia de las aguas y la riqueza de su fondo marino posibilitan más de una inmersión y la práctica de cualquier deporte náutico. Por la noche, restaurantes y terrazas son los encargados de convertir la estancia del viajero en una experiencia inolvidable. Animación que puede continuar en alguna de las localidades costeras que reúnen una inmejorable oferta hostelera y de ocio. Las calas y playas de Salions, Giverola, Pola, Llevador, Llorel o Morisca son algunos de estos núcleos turísticos.

Y es que la gastronomía de la zona suma productos tanto del mar Mediterráneo como del interior, elaborando recetas tradicionales e innovadoras. Las habas y los guisantes de la huerta aparecen junto a esqueixadas (ensalada de bacalao), escalivadas (asado de berenjena, cebolla y pimientos) o guisos de pollo o conejo con marisco. Por su parte, gambas, lubinas y doradas se preparan de multitud de maneras. Entre los postres, las frutas tienen una gran importancia (fresas, melocotones, melones, sandías, naranjas...), y se convierten en verano en helados y sorbetes.

El recorrido por Tossa de Mar puede continuar en el Museo Municipal, que se encuentra en el recinto amurallado de la Vila Vella. Entre sus colecciones de arqueología, pintura catalana y extranjera, escultura y vidrio destacan mosaicos romanos y lienzos de Benet, Sunyer o Marc Chagall. Las piezas romanas provienen, en su mayoría, de la villa romana de Els Ametllers.

PALAMÓS

En plena Costa Brava, en el litoral de la provincia de Girona, se enclava esta localidad dotada de excelentes playas y oportunidades de ocio. El accidentado relieve costero proporciona tanto amplios arenales como calas de aguas transparentes entre las rocas. Su gran variedad de establecimientos hosteleros se acomoda a todo tipo de visitantes: desde los que buscan un mayor contacto con la naturaleza hasta los que desean instalaciones de lujo. La gastronomía, otra manera de conocer la cultura catalana, brinda excelentes productos del mar.
Una bahía de fina arena, la de Palamós, interrumpe los acantilados que protagonizan la orografía de la Costa Brava. Aquí es donde está desde el siglo XII, esta localidad: un antiguo pueblo pesquero que ahora posee importantes dotaciones turísticas y de ocio. Las playas, calas, instalaciones náuticas y el puerto pesquero son los atractivos principales de este municipio, aunque tampoco hay que olvidar el trazado medieval de su casco viejo. Desde el cercano macizo de Les Gavarres se divisa todo el perfil costero y es un excepcional paraje para practicar senderismo o cualquier deporte en contacto con la naturaleza.
Playas y calas

La variedad de este litoral proporciona al visitante la posibilidad de disfrutar de las agradables temperaturas de la costa y de las aguas tranquilas de las playas de arena fina. Chiringuitos, restaurantes y animados paseos marítimos enmarcan arenales emblemáticos como la Gran Playa, la playa de la Fosca o la playa del Castell. Por su parte, los que prefieran la tranquilidad y el agua transparente de calas con fondos de roca, ideales para el buceo, disfrutarán de Cala Margarida, Cala S´Alguer o Cala Canyers. La primera de ellas se encuentra cerca de uno de los puertos deportivos de Palamós y a su alrededor se emplazan algunas de las urbanizaciones de lujo de la zona. Las otras calas se sitúan más alejadas del núcleo urbano y están rodeadas de pinares que llegan hasta el mar.

Los puertos deportivos son animados puntos de encuentro donde el viajero podrá disfrutar de la línea marítima, las embarcaciones de lujo y los exquisitos restaurantes. También es un buen lugar para contratar excursiones en barco, alquilar equipos de inmersión o practicar multitud de deportes náuticos.

El puerto pesquero, al pie del casco histórico, es el origen de la ciudad. Los yates se convierten aquí en barcos y barcas de pesca que regresan cada día con pescados recién capturados. Merece la pena acercarse a la Lonja del Pescado, donde se subastan y venden productos mediterráneos. El Museo de la Pesca también aproximará al visitante a una de las actividades económicas más importantes del litoral del Baix Empordà.

Estos pescados y mariscos forman parte de la tradicional dieta mediterránea, de profundo arraigo en Cataluña. En Palamós destaca especialmente la gamba, que se consume a la plancha, cocida o en multitud de guisos. Erizos de mar, cigalas, sepias y calamares se combinan con aves de caza, bacalao o caracoles creando recetas a medio camino entre la tierra y el mar. Los vinos de la Denominación de Origen Ampurdán-Costa Brava son buenos acompañantes para estos suculentos platos. Los restaurantes abundan tanto en los puertos y playas como en el casco histórico.

Cualquier recorrido por la ciudad debe conducir a interesantes monumentos como las iglesias de Santa Eugenia de Villarromá o Santa María del Mar, en el núcleo urbano. La Plaza Murada y la Plaza de El Pedró constituyen los miradores principales de Palamós, uno sobre la bahía y otro sobre el puerto deportivo. Por su parte, importantes restos arqueológicos íberos se emplazan en la playa del Castell, mientras que el castillo medieval de Sant Esteve lo hace en la playa de La Fosca.

Al norte de Palamós se puede visitar el pueblo marinero de L´Estartit, desde donde se puede organizar una excusión a las Islas Medes, Reserva Natural Submarina formada por siete islotes de inmensa riqueza biológica. Hacia el interior espera el conjunto histórico-artístico de Pals, cuyo trazado medieval transporta al viajero a épocas pretéritas. Camino de Palamós, las ruinas del castillo de Begur del siglo XV pueden ser una buena parada, así como el Parador de Turismo de Aiguablava, al borde de un acantilado que se hunde en el mar Mediterráneo. Bosques de pinos hasta la arena componen el signo distintivo de Palafrugell, cuya visita nos mostrará el Jardín Botánico del Castillo de Cap Roig, la Iglesia de Sant Martí o la Fundación Josep Pla.

El último sector de la Costa Brava, al sur de Palamós, entremezcla los puertos deportivos con los pesqueros y las urbanizaciones veraniegas con los cascos urbanos tradicionales. Así, Playa d'Aro es uno de los lugares donde encontrará mayor variedad de alojamientos, al mismo borde de la playa. Hermosos monumentos y algunas de las instalaciones deportivas más completas de toda la costa son las sorpresas de Sant Feliu de Guíxols. Y ya en la comarca de La Selva habrá que parar en Tossa de Mar y Lloret de Mar. Playas y calas de aguas límpidas al lado de interesantes cascos urbanos donde abundan las posibilidades de ocio son algunos de los rasgos distintivos de esta zona.

PALS

A escasos kilómetros del mar Mediterráneo, en plena Costa Brava, se despliega el trazado medieval de Pals. La comarca gerundense del Baix Ampordà tiene en esta localidad un bello casco antiguo declarado Conjunto Histórico Artístico. En el Recinto Gótico de Pals esperan al viajero bellas calles empedradas flanqueadas por casas nobles. La playa de Pals completa la visita de su recinto amurallado. En cualquiera de estos puntos se puede probar la cocina de la zona, basada en productos tanto del mar como de la montaña.

La Costa Brava, el agreste litoral de la provincia de Girona, cuenta con una villa medieval a pocos kilómetros de su perfil marítimo. Su centro histórico se levanta sobre una colina rodeada de llanuras, que en su origen fue zona pantanosa. Hay que remontarse al siglo IX para encontrar los primeros documentos escritos que hablan de esta población, época a la que pertenece su castillo.
Continuos enfrentamientos bélicos hicieron que durante siglos sólo se conservase la Torre del Homenaje de esta construcción defensiva. Se trata de una torre románica de planta circular levantada entre los siglos XI y XIII. Sus 15 metros de altura se asientan sobre una plataforma de roca natural, en la que también se encuentran numerosas tumbas visigóticas. Durante el siglo XV fue empleada como campanario, por lo que se la conoce como la Torre de las Horas.

En la actualidad, el solar del castillo lo ocupa la casa de la familia Pi i Figueras, promotor de la restauración del Recinto Gótico de Pals. De factura moderna, esta casa mantiene los mismos rasgos arquitectónicos que el resto de la urbe. Calles empedradas interrumpidas por arcos de medio punto, fachadas con ventanas ojivales y balcones de piedra son los signos distintivos de Pals.

La muralla es otro de los lugares que transportan al viajero a la Edad Media. Cuatro torres de planta cuadrada se mantienen aún en pie, a pesar de que datan del siglo XII. Torres con nombre propio como Ramonet, Rom, Xinel·lo y Hospital.

Otros puntos de interés son el mirador Josep Pla, la Plaza Mayor, las sepulturas de la calle Mayor y la iglesia de Sant Pere. El escritor palafrugellense da nombre a una de las atalayas naturales, desde donde se divisan los campos del Ampurdán y las islas Medes. Arcos góticos y sepulturas medievales son los otros hitos que encontramos en el camino. Parte de los sillares de piedra del castillo fueron empleados en el siglo X para edificar la iglesia de Sant Pere. En su estructura final se distinguen la base románica, el ábside y nave gótica, y el pórtico y campanario barrocos.

La mejor manera de recorrer Pals es perderse por su calles medievales, pero antes de esto merece la pena acercarse a una casa fortificada del siglo XV, sede del Museo de Arqueología Submarina. Entre otras curiosidades, podemos conocer la historia de los vinos y cavas de Cataluña, gracias la exposición permanente que exhibe.

A las afueras de la villa se extiende otra parte del municipio de Pals, los Masos de Pals, antiguo conjunto de masías (casas de campo catalanas) que actualmente acogen a un nutrido núcleo urbano. Y en la costa, la playa de Pals. Más de cuatro kilómetros de aguas transparentes donde el viajero podrá disfrutar del benigno clima mediterráneo y de todas las oportunidades de ocio que la Costa Brava ofrece. Campos de golf, deportes náuticos y visitas al Parque Natural Illes Medes son sólo algunas de ellas.

Pals también se convierte en una excelente oportunidad para acercarnos a la gastronomía del Baix Ampordà, que aúna productos del mar y la tierra. Las habas y los guisantes de la huerta aparecen junto a esqueixadas (ensalada de bacalao), escalivadas (asado de berenjena, cebolla y pimientos) o guisos de pollo o conejo con marisco. Por su parte, gambas, lubinas y doradas se preparan de multitud de maneras. Entre los postres, las frutas tienen una gran importancia (fresas, melocotones, melones, sandías, naranjas...), y se convierten en verano en helados y sorbetes.

ROSES

La antigua colonia griega de Roses se extiende entre el mar y la montaña, en plena Costa Brava. Esta localidad gerundense ofrece multitud de playas y calas entre acantilados rocosos, donde el visitante puede practicar los más variados deportes náuticos, así como el senderismo en los cercanos parques naturales de Aiguamolls de l´Empordá y Cap de Creus. Por su parte, el conjunto histórico-artístico de la Ciudadela muestra la estructura de un conjunto defensivo renacentista a orillas del mar Mediterráneo.

En uno de los extremos del Golfo de Roses, entre el Cap Creus y el macizo Montgrí, se emplaza la localidad de Roses. Las tranquilas aguas de este puerto natural ya fueron codiciadas en tiempos de los rodios, quienes instalaron aquí una colonia comercial. Los restos de la ciudad griega de Rhode, fundada en el 776 a. C., el antiguo barrio helenístico (s. III a. C.), la villa romana y el monasterio románico-lombardo del siglo XI forman parte del trazado de la Ciudadela, declarada conjunto histórico-artístico. Esta fortificación militar fue mandada construir por el emperador Carlos V para repeler el ataque de piratas y corsarios. El estilo renacentista de la construcción se deja ver en sus lienzos y en la Puerta del Mar.
A este mismo periodo histórico (s. XVI) pertenece el Castillo Trinitat, edificado sobre la punta de la Poncella. Su planta conserva la forma de estrella de cinco picos utilizada en la época en este tipo de construcciones militares. A sus pies se alza el faro de Roses, uno de los muchos que menudean el accidentado perfil de la Costa Brava.

En su casco urbano también es interesante visitar la iglesia parroquial de Santa María y la Casa Mallol. Esta última remite a la estética modernista, como se puede constatar en su fachada principal. En su interior conserva techos ornamentales, elementos de forja y vidrieras de artesanos locales.

Calas de aguas transparentes entre acantilados y grandes arenales con todo tipo de comodidades o en estado semi salvaje se extienden a lo largo del litoral de Roses. Algunas de sus playas han sido distinguidas con el símbolo de Bandera Azul, lo que acredita la calidad de su entorno. Y en estos puntos estratégicos se han situado urbanizaciones de lujo como El Salatar, Santa Margarida o Puig-Rom. Precisamente en esta última se puede visitar un castro visigótico del siglo VII.

Restaurantes, bares de copas y terrazas se instalan en los lugares más bellos de la costa para disfrutar de espléndidas panorámicas, mientras se degusta la cocina gerundense. La ensalada de bacalao (esquixada), las verduras al horno (escalivada) o el xató (escarola con anchoas y bacalao) son algunos de los entrantes. La combinación de mar y montaña llega también a los fogones en forma de pollo con langosta o conejo con caracoles. Pescados y mariscos a la parrilla, guisados o con arroz componen otras sabrosas recetas. Entre los postres destaca la crema catalana (especie de natillas con azúcar caramelizada) y el requesón con miel (mel i mató). Los mejores vinos para este menú son los pertenecientes a la Denominación de Origen Ampurdán-Costa Brava.

A las diferentes actividades de ocio que proporcionan su litoral y su puerto deportivo se suman otros deportes de aventura practicables en la cercana sierra de Rodes o en los parques naturales de Aiguamolls de l´Empordà y Cap de Creus. La riqueza paisajística de esta región permite admirar las últimas estribaciones del Pirineo gerundense, acantilados que se hunden en el Mediterráneo y las lagunas y avifauna de uno de los mayores humedales de Cataluña.

La riqueza submarina de la Costa Brava es otro de los atractivos turísticos. Barcos de visión subacuática, buceo o inmersión son excelentes oportunidades para conocer la gran cantidad de especies animales y vegetales que habitan en estos fondos.

Desde Roses se puede recorrer buena parte de la provincia de Girona y acercarse a localidades tan pintorescas como Cadaqués o Port de la Selva. Empuries conserva importantes hallazgos griegos, mientras que, hacia el interior, en Figueres habrá que visitar el Teatro-Museo de Dalí, maestro del surrealismo. Al borde de un acantilado sobre el Mediterráneo se sitúa el Parador de Turismo de Aiguablava, un excelente hotel de cuatro estrellas en el que el visitante podrá descansar durante su tiempo de ocio. El pueblo medieval de Pals, declarado conjunto histórico-artístico, y Girona, con su recinto amurallado llamado la Força Vella, son otras de las muchas posibilidades que ofrece esta región catalana.

CADAQUÉS

Situada en plena península del Cabo de Creus, Cadaqués es una de las localidades más emblemáticas de la Costa Brava gerundense. Su rocoso litoral, recorrido por bellas playas y recoletas calas, constituye uno de sus principales atractivos, así como el increíble paisaje que depara el Parque Natural del Cap de Creus. Al fondo de la bahía de Cadaqués se encuentra su casco histórico, de aire mediterráneo y profundo sabor marinero. Fuente de inspiración de pintores y artistas de fama internacional durante décadas, este núcleo goza hoy de una intensa vida cultural, de la que dan fe sus numerosos museos y galerías de arte, entre los que destaca la Casa-Museo de Salvador Dalí. Cadaqués será el punto de partida ideal para conocer el resto de la comarca del Alt Empordà, repleta de localidades históricas, insólitos espacios naturales y abundantes yacimientos arqueológicos.

La Costa Brava abarca el tramo litoral más septentrional de Cataluña y uno de los más bellos de España. En pleno corazón del Cabo de Creus se sitúa Cadaqués, localidad enmarcada por el insólito paisaje natural que configuran las escarpadas sierras que surcan la comarca del Alt Empordà hasta caer en forma de acantilados sobre el mar.

Esta bella población de raíces marineras cuenta con excelentes playas y tranquilas calas de aguas transparentes que, unidas a una inmejorable infraestructura turística, atraen a todos aquellos que buscan un lugar para disfrutar del sol y del mar. Su condición de puerto natural y la calidad de sus fondos marinos ofrecen las mejores condiciones para practicar todo tipo de deportes y actividades acuáticas, tales como el buceo, la navegación a vela o el windsurf.

Al fondo de la bahía de Cadaqués se eleva el angosto entramado de callejuelas empedradas y casas blancas que configura su casco histórico. Sobre el perfil de la villa destaca la imagen de la iglesia de Santa María, templo de blanca fachada y cuidadosamente restaurado que alberga un magnífico retablo de estilo barroco. Por su parte, la arquitectura modernista ha dejado su peculiar impronta en algunas de los edificios más notables de la ciudad, como la Casa Serinyena.

Durante las primeras décadas del siglo XX, la localidad se convirtió en un importante foco cultural europeo. Numerosos artistas vanguardistas, entre ellos Picasso, Chagall o Klein, encontraron en este hermoso rincón gerundense su particular fuente de inspiración.

Sin embargo, fue Salvador Dalí quien dio a Cadaqués fama internacional, ya que en esta localidad pasó largas temporadas el genial pintor durante su infancia, además de establecer en ella su residencia. Su casa-museo, ubicada frente a la bahía de Port Lligat, al norte de la población, permite conocer parte de la prolija obra del maestro del Surrealismo.

La gran oferta cultural con que cuenta Cadaqués pasa por sus numerosos museos y galerías de arte, como el Museo Municipal de Arte, que expone obras de artistas que mantuvieron un estrecho vínculo con Cadaqués, o el Museo Perrot-Moore, que reúne obras de arte gráfico europeo, sin olvidar el ya tradicional Festival Internacional de Música, que se celebra anualmente en la iglesia de Santa María.

La rica tradición gastronómica del Empordà tiene una buena representación en Cadaqués, ya que en esta población pueden degustarse algunas de las especialidades de la comarca. Platos como el suquet de pescado, el arroz a la cazuela o la sepia con guisantes demuestran una sabia combinación de productos procedentes del mar y del interior. Como acompañamiento, la Denominación de Origen Ampurdán-Costa Brava produce excelentes vinos rosados, entre los que cabe mencionar el vino “novell”. También se elaboran vinos dulces y excepcionales tintos jóvenes, afrutados y ligeros.

La estratégica ubicación de Cadaqués permitirá descubrir otras localidades de la comarca del Alt Empordà. Varios kilómetros al norte se encuentra Colera, pueblo marinero que cuenta con hermosas playas como las de Garvet o Els Morts. Otras poblaciones de interés son Llançà, con un animado puerto deportivo, y El Port de la Selva, donde se ubica el monasterio medieval de Sant Pere de Rodes. Al sur del Cabo de Creus se encuentra Roses, que conserva vestigios de su antigua ciudadela (s. XVI), y Castelló d’Empuries, donde sobresale la iglesia de Santa María (s. X).

Los amantes de la naturaleza encontrarán importantes espacios protegidos en este sector de la Costa Brava. En el golfo de Roses se puede visitar el Parque Natural de los Aiguamolls de l'Empordà, importante reserva ecológica (especialmente de aves acuáticas). Por su parte, el Parque Natural del Cap de Creus es un lugar privilegiado desde el punto de vista natural y un claro ejemplo de la fisonomía de la Costa Brava.

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